miércoles, 10 de septiembre de 2014

La explosión del polvorín del Orzán

Sobre las doce del mediodía del 21 de septiembre de 1942 ocurrió un hecho que quedó en la memoria colectiva de los coruñeses: la explosión del polvorín del Orzán. Este siniestro trajo consigo la muerte de una persona, las heridas de varias, y sobre todo lo que se recuerda es la rotura de multitud de cristales. No sé si decir que no quedó cristal sin romper en la ciudad, pero tal vez resulte significativo saber que rompieron cristales, de ventanas o de escaparates, desde las Atochas hasta por lo menos el entorno de la plaza de Pontevedra.

EMPLAZAMIENTO, DESCRIPCIÓN Y CONTENIDO

En la imagen aparece un boceto del recinto militar en el que se encontraba el polvorín del Orzán, hoy terrenos que ocupa en su mayor parte el Instituto de Monte Alto. En la vertical el punto en el que se cruzan los pabellones del centro estaba el polvorín propiamente dicho; sobre la pista de deportes, se encontraba el cuerpo de guardia.

El cuerpo de guardia estaba a unos 50 m ladera arriba del polvorín propiamente dicho. Constaba de dos habitaciones que se comunicaban entre si. En la más alta se encontraban los camastros de la tropa; la más baja era el despacho del comandante de la guardia. 

El polvorín aparecía rodeado por un muro perimetral de 7.4 x 11 m y 2.4 m de altura, al que se accedía a través del punto medio del lado Este. El edificio era de planta rectangular, de 3.4 x 7 m, dividido en dos piezas que no se comunicaban entre sí. Se accedía a ellas a través de dos puertas situados en los lados N y S. En la estancia situada al N se guardaba mecha. En la del S pólvora negra en distintas calidades y manufacturas. El piso era de cemento y las paredes de mampostería. El recinto formaba un polígono irregular en cuyos vértices se habían hincado estacas de madera.

Para dar una idea de la virulencia de la explosión, bastará decir que allí se guardaban 3.600 kgs de pólvora negra; más unos 111.000 elementos entre discos de pólvora, culotes, petardos y cebos; más unos 20.500 m de mecha rápida y lenta.

EXPLOSIÓN

La guardia del polvorín del Orzán estaba formada por un sargento que hacía de comandante de la misma, un cabo y cuatro artilleros del Regimiento de Artillería nº 48 de guarnición en el Cuartel de Zalaeta. De noche se reforzaba esta guardia con otros cuatro artilleros. En la mañana de ese día 21 de septiembre no ocurrió nada fuera de lo común. Vino un empleado de empresa que abastecía de electricidad las instalaciones para hacer la lectura del contador, pero como este se encontraba en el cuerpo de guardia, no pasó a otro lugar, siendo acompañado fuera del recinto en cuanto acabó su trabajo. También se introdujo una vaca a pacer en el interior del recinto, que fue alejada por el centinela.

El sargento comandante se llamaba José Manuel Paredes Ares, de 23 años, natural de La Coruña; y el cabo Enrique Rosich Torres, de 24 años y natural de Pierola (Barcelona). Los artilleros eran Camilo Opazo Carrasco, de 20 años, natural de Los Blancos y vecino de Rebordechao, ayuntamiento de Ginzo de Limia (Orense); Bernardo Nieto Rey, de 22 años, natural de La Bola (Orense); Alejandro Mosquera Estévez, de 21 años, natural de Beade (Orense); y Benjamín Montes Fernández, de 21 años, vecino de Barille en Carballino (Orense).

Parece ser que pocos minutos antes de las doce de la mañana se produjo la explosión. Esta hizo caer parte de la techumbre del cuerpo de guardia. De inmediato salieron los artilleros  y se encontraron con una extensión grande cubierta de humo, comprobando más tarde que había desaparecido el polvorín. Del medio del humo vieron salir al centinela, que lo era Camilo Opazo, quien se caía de las lesiones tan graves que sufrió y que no le costaron la vida porque estaba apoyado en la pared del pozo en el que moría el cable del pararrayos, y parece ser que este muro lo protegió de la onda expansiva.

LESIONADOS

El artillero Camilo Opazo fue el peor parado de la guardia al sufrir una rotura de bóveda craneana y conmoción cerebral. Pese a la gravedad de sus lesiones fue tratado en el Hospital Militar y se recuperó, siendo dado de alta el 11 de noviembre.

El cabo Enrique Rosich salió del cuerpo de guardia en cuanto se notó la explosión, socorriendo al centinela. Aunque en un principio no notó nada, a la media hora empezó a sentir molestias en la cabeza. Se le hospitalizó en el Militar en donde le diagnosticaron una conmoción cerebral. Fue dado de alta el 6 de octubre.

En la Prisión Provincial se produjo un gran boquete en su muralla y resultaron heridos con cortes en la cabeza como consecuencia de la rotura de cristales cuatro soldados del Regimiento de Infantería Zamora nº 29. Formaban parte de la guardia mandada por el alférez provisional de Infantería, Manuel Avrillón Barrenechea, coruñés con el que nos volveremos a encontrar cuando nos ocupemos de la detención y proceso contra los de la Lejía.

De la misma cárcel salía Ramona Pérez Agrelo, de 40 años, vecina de la zona de la Falperra. Venía según dijo de llevar la comida a un preso amigo, cuando al bajar las escaleras exteriores de la prisión le sorprendió el estruendo. Echó a correr horrorizada y cayó sin conocimiento, siendo arrollada por las piedras. De todo ello resultó con una fractura de pelvis. Fue alta en el Hospital Municipal el 8 de noviembre.

Además de estos, en la casa de la cetárea (aquí pintada en verde, demolida hace pocos años), cayó el techo y resultó lesionado un empleado. La Voz de Galicia al día siguiente cuantificó en 73 el número de heridos en toda la ciudad, la mayor parte leves, consecuencia de los cortes producidos por la rotura de cristales.

UN FALLECIDO

En la mañana de ese 21 de septiembre cuatro personas explotaban una cantera próxima al polvorín para Mármoles Escudero. Dos eran empleados de esa casa y otros dos, uno el contratista y el otro su hijo. A media mañana tres salieron hacia la población para almorzar. Cuando iban por la Carretera de Circunvalación les sorprendió el desastre. Cayeron derribados al suelo e incluso uno apareció distanciado de sus acompañantes. Con todo la peor parte se la llevó Francisco Souto Pita, de 38 años, bombero zapador del Ayuntamiento, contratista de Escudero en esa cantera y que resultó muerto. Las lesiones que reveló la autopsia (fractura múltiple de costillas, desgarro del corazón, etc.) parecen compatibles con el impacto de alguna piedra de buen tamaño.

CAUSAS

En un principio se apuntó a la posibilidad de una corrupción de la pólvora, pero pronto se supo que seis días antes se había hecho el reconocimiento mensual, visual y táctil, incluso se tomaron muestras para analizarlas en el laboratorio de la Maestranza y de las pruebas realizadas resultó que se hallaba en perfecto estado. Se reunió la Junta Facultativa de Artillería de la Plaza, quien dictaminó que no había datos suficientes para atribuir la explosión a una causa determinada. Como hipótesis apuntaron la posibilidad de una descarga eléctrica inadvertida, aunque no se encontraron señales en el pozo del pararrayos; también consideraron la hipótesis de un choque de hierro contra hierro en los refuerzos de los empaques como consecuencia de la vibración de puertas a causa del viento o el paso de carros o camiones por la carretera que hiciesen detonar la pólvora.

La historiografía local también especuló sin mayor fundamento con la posibilidad de un atentado de la guerrilla promovido por los servicios secretos aliados según algunos autores. Otros afirman que las radios extranjeras atribuyeron la explosión a la guerrilla. Yo no lo creo, ni con la ayuda de los servicios secretos ni sin ellos. A día de hoy se conocen con bastante detalle los atentados de la llamada guerrilla y no recuerdo autor que cite el relato de alguno de aquellos terroristas o cualquier otra fuente que relacione a la guerrilla con la explosión del polvorín del Orzán. A la altura de 1942 más que guerrilla había huidos, que mantenían una actitud pasiva. Podían atracar para subsistir, o enfrentarse con las fuerzas de orden público si se veían sorprendidos, pero en general no llevaban adelante acciones ofensivas hasta el año 1945 en que el PCE se hizo con el mando. Por otra parte, ¿iban a hacer explotar un polvorín en las inmediaciones de la cárcel, en donde estaban recluidos muchos de sus correligionarios? No parece razonable.




domingo, 1 de junio de 2014

El levantamiento del 19 de abril de 1936 en La Coruña (y V)

Según el P. Silva Ferreiro el complot en La Coruña fue descubierto por el entonces comandante jefe del detall del 6º Tercio de la Guardia Civil, Fernando Monasterio Bustos, que se desplazaría con rapidez a Madrid y pondría sobre aviso a Casares Quiroga. Parece posible porque por Orden de 18 (sic) de abril de 1936 quedó en situación de disponible forzoso el primer jefe de la Comandancia de La Coruña, teniente coronel Benito de Haro Lumbreras. El mismo P. Silva Ferreiro también señala a un guardia destinado en el Gobierno Civil que descubrió el complot, lo que permitió fortificar el edificio redoblando la guardia que empleó incluso ametralladoras. No parece que fuese exactamente así. En esta fase Albino aún no había dicho ni mu. Si se redobló el número de guardias de Asalto que prestaban servicio en el Gobierno Civil, parece más probable que fuese por lo que denunció el comandante Monasterio.

LA GOBERNADORA Y EL INICIO DE LAS REPRESALIAS

El domingo 19 cuando el gobernador civil pasó del despacho oficial a su domicilio, sobre las dos y media de la tarde, fue advertido por un conserje de la presencia de un guardia civil sustituyendo a Albino, que se encontraba enfermo. El lunes por la mañana fue su esposa, motejada en La Coruña de "gobernadora" --más conocida en este blog como la "malvada" Juana Capdevielle-- quien visitó a Albino en su domicilio, calle de Juan Castro Mosquera. A través de la mujer de Albino Torre --más que de este que se encontraba aún nervioso--, pudo saber parte de lo que se había tramado, poniendo en antecedentes al gobernador. Este se puso en contacto con el general Pozas, inspector general de la Guardia Civil, quien a su vez llamó al coronel del 6º Tercio, Juan Vara Terán, que se encontraba en Pontevedra. Se reincorporó a La Coruña y el mismo lunes 20 de abril comenzó a instruir una información escrita auxiliado por el comandante Fernando Monasterio en calidad de secretario, información que se prolongó durante el día 21. Como consecuencia de la misma el capitán José Rañal Lorenzo quedó constituido en arresto domiciliario. De forma sucesiva los complicados fueron destituidos. Comenzando por los capitanes, Rañal fue destinado a Pozoblanco (Córdoba); Gumersindo Varela Paz, pasó a Zamora; José Leseduarte González, a Mieres. Por lo que se refiere a tenientes, Rodrigo Santos Otero fue destinado a Jaén aunque no llegó a incorporarse y José Aranguren Ponte pasó a Ribadeo.

Es de suponer que la información recabada por la "gobernadora" dio pie a que su marido denunciase el caso al gobierno. De este modo el general jefe de la División, Enrique de Salcedo Molinuevo, recibió una orden del ministro de la guerra por la que ponía a su disposición como juez instructor al teniente coronel de Artillería, César Blasco Sasera. Este, según el P. Silva Ferreiro, era de la absoluta confianza de Azaña y Casares, y se le atribuía la siguiente frase: España se arreglará, cuando mi caballo coma pienso en el altar mayor de la catedral de Toledo.

SUMARIA

Si los complicados no debían estar muy tranquilos con semejante juez, tenían esperanzas muy fundadas en el secretario asignado, que fue el capitán de Infantería, Ignacio Olavide Torres, persona totalmente identificada con ellos. No me resisto a comentar que a algún opinador de nombre Ignacio y con apellido Olavide lo tengo por un beatón de la religión antifranquista; y para evitar equívocos o que se pueda pensar que todo es postureo por estar en la poma, ya que en ocasiones me parece tan exagerado que da la impresión de llegar al paroxismo, me gustaría leerle alguna vez antes de denostar el franquismo en general con tanto aspaviento, que lo hiciese en particular. Otros autores, sobre los que no cabe duda acerca de su antifranquismo sincero, emplean frases como "el fascista de mi padre", declaración que, en su caso, se puede adaptar y ampliar según convenga al parentesco que fuere.

Pese a que los acusados se defendieron como pudieron, el capitán Olavide no pudo evitar que el juez Blasco Sasera dictase sendos autos de procesamiento contra el capitán Rañal y primer jefe de la comandancia, teniente coronel Benito de Haro Lumbreras, que fueron constituidos en prisión provisional en el castillo de San Felipe de Ferrol. Eligieron en un primer momento como abogado defensor a un militar entonces retirado, Juan Barja de Quiroga, con estudio abierto en La Coruña, pero como las últimas disposiciones del ramo de Guerra obligaban a que el defensor fuese un militar en activo, Rañal acabó siendo defendido por el capitán de Artillería Miguel Ojeda Muñoz, y de Haro por el teniente coronel de Infantería, Óscar Nevado de Bouza.

De Haro quiso hacer pasar el complot por un acuartelamiento habitual. Recordó que con motivo del desfile del 14 de abril había recibido confidencias, que transmitió al gobernador, por las que se le decía que vendrían camionetas de los pueblos con campesinos y obreros que atropellarían a la fuerza mientras desfilaba, lanzarían bombas y harían disparos. Que algo así se temía se pone de manifiesto en una declaración de Tomás Rodríguez Sabio cuando reconoció que el 14 de abril, se quedó en el cuartel de la Guardia Civil custodiándolo mientras desfilaba la fuerza porque se temía que fuese asaltado. El teniente coronel de Haro, se basó también en la supuesta confidencia del capitán de Ingenieros Ezequiel Román Gutiérrez, que al parecer llevó al cuartel de la Guardia Civil un periódico portugués en el que se anunciaba un movimiento comunista para el 19 de abril, cosa que le confirmó un obrero de los que trabajaban en las obras de fortificación que dirigía. Aunque no se aporta al sumario este periódico ni aparece una declaración del obrero, no sería de extrañar que se hubiese publicado algo así. Otra cosa es que el levantamiento de los militares o su acuartelamiento y movimiento de tropas fuese por tal motivo.

Como las confidencias que recibió el gobernador no pasaban del mero chisme; como Albino fue el único testigo que relacionó al capitán Rañal con la orden de cargarse al gobernador; como Albino no parecía una persona muy equilibrada, en la Auditoría, en la que ya prestaba servicios Tomás Garicano Goñi, no tuvieron mayores dificultades para que el auditor, Eugenio Pereiro Courtier, sobreseyese el sumario el 30 de abril, resolución aprobada por el general jefe de la División que ordenó poner en libertad a los procesados, cosa que sucedió el día 2 siguiente.

ALBINO

Albino Torre Liste, debió ingresar en el Manicomio de Conjo al comenzar la guerra. No pudo prestar declaración en la causa 962/1936 contra el comandante de Estado Mayor Antonio Alonso García y otros (Archivo Intermedio Militar Noroeste) por encontrarse en observación en dicho establecimiento. Debió causar baja en la Guardia Civil. En la base de datos del CEMLA --que ofrece por cierto resultados inconsistentes-- para la búsqueda Torre Liste, parece que Albino llegó a la Argentina en 1950 como pintor; volvería a arribar en 1956 como empleado. En 1977 (Diario Oficial del Ministerio del Ejército, nº 28 de 4 de febrero de 1977) se le concede el pase a la situación de retirado en aplicación del R.D.L. 10/1976 sobre amnistía, a los solos efectos de que se le asignase el haber pasivo que le pudiera corresponder.

¿POR QUÉ QUERÍAN LEVANTARSE?

Podría decirse que porque no se podía vivir, porque vivían en una situación de terror, por lo que llevamos viendo en este blog desde hace tiempo en definitiva. De todos modos, en la información que instruyó el coronel del Tercio hay una manifestación del capitán Rañal que leída entre líneas explica el levantamiento del 19 de abril y el del 18 de julio: por temor a ser copados por la revolución:

Desde el triunfo de las izquierdas en España, vemos los españoles, mejor dicho, tememos la mayoría de ellos, una invasión de tipo marxista que destrozando la actual civilización nos arrastre a la esclavitud, con la consiguiente desaparición del Ejército, transformado en rojo e integrado por Oficialidad del antiguo, en parte. Estos elementos que se mueven por escalar en su futura situación altos puestos, son conocidos entre el elemento militar de la Guarnición: Comandante Monasterio, Comandante Aizpuru y Capitán Patiño, rodeados siempre de gente indeseable desde el punto de vista moral y no del político.

Tenían muy cerca lo que había sido la revolución rusa. Hacía dos años que habían sofocado la revolución de octubre de 1934, y en Asturias pudieron comprobar el salvajismo de los revolucionarios quemando iglesias y archivos --en donde se conservaban según ellos los títulos de explotación de la humanidad--, poniendo bombas en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, quemando conventos, y hasta bibliotecas como las de su universidad, asesinando militares, sacerdotes, derechistas o guardias civiles. Sabían lo que hacían los revolucionarios y no estaban dispuestos a ser copados por la revolución.

Mis notas.



sábado, 24 de mayo de 2014

El levantamiento del 19 de abril de 1936 en La Coruña (IV)

Nos vamos al cuartel de la Guardia Civil cuya puerta de entrada me dicen que estaba aquí. En la noche del 18 de abril, durante la lista de retreta, el comandante del puesto, sargento Manuel Santos Otero, ordenó que los casados debían dormir en el cuartel. Esa orden la recibió del jefe de la Línea, teniente Juan Aranguren Ponte --hijo del general José Aranguren Roldán, ejecutado en Barcelona en 1939 por delito de traición--, por mandato del capitán José Rañal Lorenzo.

CARGARSE AL GOBERNADOR

No asistió a la lista de retreta Albino Torre Liste, guardia que llevaba unos diez años con destino de ordenanza en el Gobierno Civil. Este, sobre las diez y media de la noche del día 18, recibió del secretario del gobernador un oficio urgente para que lo llevase a la Comandancia. Al llegar se encontró con el teniente Aranguren quien le preguntó si tenía ya la orden, que estaba relacionada con la conducción de unos falangistas en situación de detención gubernativa tras la ilegalización de Falange --posteriormente declarada ilegal por los tribunales. Llegó el capitán Rañal con quien pasaron a un despacho. Este preguntó a Albino cual era la situación en el Gobierno Civil, a qué hora se retiraban, o si había visto al capitán de Asalto Manuel Patiño Porto. A continuación le dio a conocer que esa misma noche se iba a dar un golpe de Estado y que la Guardia Civil era la encargada de tomar el Gobierno Civil, ordenándole que se fuese a cenar y volviese para el edificio de Riego de Agua. Allí debía vigilar los movimientos y si iba el capitán Patiño. Según Albino, también le añadió que en cuanto oyese ruido y que llegaba la fuerza, tenía que cargarse al gobernador --en la imagen. Como el teniente Aranguren le hizo un comentario, el capitán Rañal modificó esta orden en el sentido de que sólo debía encañonar a todos y esperar a que subiesen sus compañeros.

Es interesante destacar que el capitán Rañal no conocía a Albino ni nadie le había participado a este los planes del capitán. Aunque en la Guardia Civil destaca la disciplina, el que tiene que mandar manda, y el que obedecer obedece, comunicar algo de tanta trascendencia a un guardia que no se conoce, da idea más de una chapuza entusiasta o de vivir en una situación desesperada, que de profesionalidad, de un plan bien construido y meditado.

Albino se fue a su casa a cenar, pero pasó por la de su hermano Latino, brigada con destino en la misma Comandancia y balbuceando le comunicó la orden que había recibido, y también que fuese al cuartel por haberse encontrado con un guardia que iba a buscarlo. Latino dijo a su hermano que se fuese a casa y él se encaminó al cuartel de la Guardia Civil. Al llegar a casa, Albino tuvo una reacción que es muy humana, aunque también muy poco profesional para un guardia civil, como la de un médico no acostumbrado a operar que se marease con la sangre: Albino fue presa de un ataque de nervios, y tras ventilar emociones con su mujer y suegro, se metió en cama sin volver al Gobierno Civil, ni para avisar al gobernador del golpe, ni para seguir las órdenes del capitán Rañal.  Este envió al guardia Luis Expósito Castaño al Gobierno Civil quien de vuelta en el cuartel informó a Rañal que Albino no se encontraba allí. El capitán ordenó a Expósito que lo buscase. En compañía del guardia Andrés Núñez y en el coche de la Comandancia fueron a casa de Albino. La esposa les dijo que este se encontraba enfermo en cama. De vuelta en el cuartel, Expósito participó lo anterior al capitán Rañal, quien ordenó al sargento José Sánchez Rodríguez que fuesen a buscar a Albino y lo trajesen al cuartel: "Vaya usted a casa del guardia Albino y tráigalo al cuartel de la forma en que sea, incluso en calidad de preso; a este servicio le acompañará un cabo y la fuerza que considere necesaria". El cabo fue Eugenio Blanco Abuide y los guardias resultaron ser Andrés Núñez y Guillermo González. Llegaron a casa de Albino, lo encontraron en cama, con un pañuelo a la cabeza y al preguntarle qué le pasaba, se les echó a llorar diciendo que estaba enfermo y que él no había hecho nada.

Volvieron los anteriores con Albino en el coche de la Comandancia y lo presentaron al capitán Rañal, que con el enfado que cualquiera puede imaginar dijo a Albino: Eres un cobarde, eres un cobarde que nos has vendido [o abandonado]. Tú no eres guardia civil, eres un pingajo. Mételo por ahí en cualquier rincón. Intervino entonces el teniente Aranguren quien dispuso que se le pusiese una cama en el calabozo, para lo cual hubo que levantar al guardia Gumersindo Fernández que dormía allí de forma voluntaria.

Albino tenía dos hermanos en la Guardia Civil con destino en La Coruña: el brigada Latino ya mencionado y el guardia Ramiro Torre Liste. Como Latino tenía un fuerte flemón, se le autorizó para irse a su casa. A las seis del la madrugada del día 19 fue a buscarlo su hermano Ramiro para que volviese al cuartel, comunicándole que Albino estaba en el calabozo con una fuerte excitación nerviosa. Latino vio al capitán ayudante del Tercio, José Leseduarte González, y le preguntó si estaba enterado el coronel de lo que ocurría, porque si no lo estaba quería presentarse a él. Leseduarte le respondió que no dijese nada al coronel que él arreglaría la situación de su hermano. Latino y Ramiro quisieron que Albino fuese reconocido por un médico, y Rañal impuso al de la Guardia Civil, Manuel Martínez Arnaud. Como este no dispuso nada especial en cuanto a una baja y se limitó a recetarle un tranquilizante, exigieron que lo reconociese el médico de Plaza, quien dijo a los hermanos que firmaba la baja para donde quisiesen, fuese su casa o el hospital. A las once de la mañana Albino fue puesto en libertad pero permaneció en el cuartel descansando hasta las tres de la tarde en que se le llevó a su domicilio.




sábado, 17 de mayo de 2014

El levantamiento del 19 de abril de 1936 en La Coruña (III)

En el año 1982 Carlos Fernández publicó El Alzamiento de 1936 en Galicia. En esta obra incluyó el testimonio, hasta entonces inédito, de Ángel Pérez Carballo, hermano de Francisco, gobernador civil de La Coruña que hizo frente a los militares alzados, llegando al extremo de fortificar el edificio para ofender y hostilizar a quienes se reputaban como representantes legítimos de la soberanía nacional al considerar ilegítimo e indigno al gobierno del Frente Popular. Con su conducta (hostilizar el avance de las tropas o ponerles impedimentos, etc.) se comportó desde el punto de vista jurídico como un perfecto traidor, siendo fusilado sin formación de causa el 25 de julio de 1936 en aplicación del bando declaratorio del estado de guerra. En el testimonio aludido, Ángel viene a decir que el gobernador conoció un proyecto para asesinarlo; y lo conoció a través de un guardia civil llamado Albino. Algo así ocurrió durante el levantamiento que nos ocupa, como veremos. Según el testimonio, Albino también dio el nombre del inductor, que sería el teniente coronel del mismo Instituto, Florentino González Vallés; la esposa del gobernador, Juana Capdevielle, tras saber por Albino lo planeado se desplazó a Madrid entrevistándose con Casares Quiroga, a quien dio cuenta de lo anterior. Señala asimismo que a posteriori, Casaritos recibió la visita de González Vallés, desplazado rápidamente a Madrid al conocer el viaje de la esposa del gobernador, y al ser según dice, amigo del presidente del consejo de ministros, no tuvo dificultad en convencerlo de lo que el presidente quería creer. Algo o mucho de lo anterior no encaja.

EL EQUÍVOCO CON GONZÁLEZ VALLÉS

El testimonio resulta un poco extraño, en primer lugar porque en la información escrita y en la causa que se instruyó --y veremos--, no aparece por parte alguna el nombre de Florentino González Vallés. Este era jefe del Parque Móvil de la Guardia Civil en Madrid. Es sabido (véase este interesante trabajo) que con ocasión del desfile del 14 de abril de 1936, el alférez de la Guardia Civil destinado en el Parque Móvil, Anastasio de los Reyes, resultó muerto por disparos realizados por la turba. El gobierno quiso imponer un entierro discreto, al anochecer del mismo día 14, en la intimidad. Pese a que el hijo del finado peregrinó por despachos y ventanillas, no consiguió que se le entregase el cuerpo de su padre para velarlo como sucede con cualquier otra persona, tenga una muerte violenta o natural. Como Florentino González Vallés, jefe del fallecido, también había querido instalar la capilla ardiente en el Parque Móvil de la Guardia Civil y tampoco lo consiguió, al comprobar que el hijo no lograba hacerse con el féretro, se dirigió con otros militares al depósito judicial exigiendo que le entregasen el cuerpo del fallecido:

--En nombre del Ejército y de la Guardia Civil, venimos a hacernos cargo del cadáver del Alférez que ustedes tienen.

--R: Pues, como ustedes saben, el cadáver de este oficial está a disposición de la Dirección General de Seguridad y yo, sin orden expresa...

--Usted, doctor, no me ha entendido bien o no quiere entenderme, he dicho que venimos por el cadáver del señor Reyes...

El ataúd se montó en el correspondiente coche fúnebre que remontó el Paseo del Prado hasta el Parque Móvil en la Castellana. Durante el trayecto, la comitiva fue abordada por un vehículo en el que iba el general Pozas, inspector general de la Guardia Civil, que conminó a González Vallés para que devolviese el cadáver al depósito judicial. El teniente coronel lo escuchó, y no cumplimentó la orden manifestando que asumiría personalmente las consecuencias, como efectivamente ocurrió. Al llegar al Parque Móvil de la Guardia Civil, González Vallés tenía ya el día y hora del entierro: el 16 a las 11 horas, precisamente para evitar la presencia de público y de militares que a esa hora estarían de servicio. Cambiaron la hora y se celebró a las tres de la tarde, produciéndose una nueva ensalada de tiros en la que fallecen seis personas y resultan heridas otras 32 que formaban parte de la comitiva fúnebre, tiroteadas desde las inmediaciones. Por cierto que se publicó una esquela en ABC en la que, como se ve, el gobierno llegó al extremo de censurar la hora del entierro, sin duda para evitar un acto multitudinario.

La inobservancia de las órdenes del general Pozas le costó al teniente coronel Florentino González Vallés el ser depuesto de su cargo en el Parque Móvil y arrestado. El 17 de abril quedó en situación de disponible forzoso para cumplir dos meses de arresto en Guadalajara.

El caso es que sabemos a través de la declaración que prestó el comandante de Estado Mayor, Fermín Gutiérrez de Soto en la causa 413/1936 contra el general Enrique de Salcedo Molinuevo y otros por traición (Archivo Intermedio Militar Noroeste), que González Vallés presidió una reunión de militares en La Coruña que estudiaban una sublevación. Gutiérrez de Soto se refiere en esta declaración al "teniente coronel González Vallés, que por aquellos días iba a ir a Madrid destinado ya a aquella Plaza a cuya guarnición queríamos llevase una impresión precisa de todo lo que aquí estábamos dispuesto a realizar" (fol. 59). Como González Valles fue destinado a Madrid el 12 de marzo de 1936, por esas fechas debió estar en La Coruña; como debió comenzar a cumplir su arresto en Guadalajara en torno al 19 de abril, toda vez que el 19 de junio se le autoriza a fijar su residencia en La Coruña, no se entiende que fuese el inductor de la intentona de dar muerte al gobernador civil de La Coruña en la noche del 19 de abril, máxime cuando ni el guardia Albino ni nadie lo señala en sus declaraciones, ni aparece por parte alguna en la información escrita y causa que transcribí y de la que tomo los datos para esta anotación; máxime cuando parece que el papel de González Vallés en aquella reunión fue el de recoger las impresiones de la guarnición de La Coruña para que se las transmitiese a Madrid, sin que conste que el teniente coronel tuviese un papel activo. No dejaba de ser alguien que abandonaba su destino en León para ocupar otro en Madrid. Contamos con el testimonio del general Ozores que da como autor del plan para ocupar el Gobierno Civil al capitán de la Guardia Civil, José Rañal Lorenzo. Todo lleva a concluir que Ángel Pérez Carballo padeció un error --cosa nada extraña al haber echado mano de sus recuerdos 30 años después-- al relacionar al teniente coronel de la Guardia Civil Florentino González Vallés con el intento de cargarse al gobernador Francisco Pérez Carballo. Este intento se dio, pero nada indica que el inductor fuese el que señala Ángel Pérez Carballo.

En la imagen de Blanco, publicada por La Voz de Galicia el 1 de agosto de 1936, aparece Florentino González Vallés, ya como gobernador civil de la provincia, saliendo de un vehículo en la plaza de María Pita y saludando al público que lo aclamaba.



lunes, 12 de mayo de 2014

El levantamiento del 19 de abril de 1936 en La Coruña (II)

De esta intentona de alzamiento conocemos algo de lo ocurrido en el cuartel de la Guardia Civil y el papel, o uno de los papeles que tenía asignado este benemérito Instituto, pero muy poco de todo lo demás, cuáles eran las misiones asignadas a las fuerzas del Ejército o si había presencia civil.

EL PAPEL DEL EJÉRCITO

Los consejeros áulicos del gobernador ven movimientos de camiones militares en la plaza de Pontevedra, que recogen a paisanos y militares frente al café Unión (aquí), o en el almacén de cementos de Insua Vizoso (aquí); asimismo ven un camión militar por la parte trasera del café Moderno --que ni idea de dónde estaba-- o en la calle de la Fama frente a unas oficinas militares. Incluso le llamó la atención a France García haber visto como un militar se dirigía a paso apurado por San Andrés hacia el cuartel de Artillería (aquí); un electricista que vivía en el callejón de Marcos de Naya (estaba aquí), se sorprendió al ver cómo D. Óscar Nevado entraba en un portal de San Andrés.

Todo este movimiento de tropas se justificó por una orden, reservada y urgente, que dio a las 22 horas del día 18 el general de la División, Enrique de Salcedo. Como quiera que en los días 17 y 18 se habían visto por las calles más grupos de los habituales y por confidencias se temía un alteración del orden público, el general Salcedo dispuso que que se doblasen los retenes que diariamente se nombraban y mantenían en los cuarteles. Dispuso igualmente que pernoctase en ellos la tercera parte de la oficialidad y suboficiales, pero sólo aquellos con mando en tropas, sin comprender al personal de oficinas y plana mayor. El Regimiento de Artillería de Costa nº 2, que guarnecía las posiciones del monte de San Pedro y Monticaño, cumplimentó esta orden haciendo partir la camioneta de San Pedro de delante de la oficina, tal vez en la calle de la Fama; y la de Monticaño, de la plaza de Pontevedra. Estos vehículos, llevando la protección acostumbrada, regresaron a las 00,45 horas del día 19 al Cuartel de San Amaro en donde se encontraba el garaje del destacamento. Por lo que se refiere a Intendencia, también se cumplimentó la orden empleando dos camiones que recogieron a un capitán, tres tenientes, un brigada y dos sargentos. Los camiones regresaron a San Amaro a las 24 horas del día 18. O eso se dijo...

Es evidente que este levantamiento no fue una ocurrencia del capitán de la Guardia Civil, José Rañal Lorenzo, que no se pudo contener, como expresa el general Ozores, sino que hubo una planificación --en parte tan entusiasta como chapucera según veremos-- para secundar el alzamiento de los generales monárquicos en Madrid. De hecho, sabemos por una declaración del comandante de la Guardia Civil, José Álvarez Ríos, que en la noche anterior, del 17 al 18, permaneció en el Gobierno Civil hasta las tres de la madrugada porque se temía un golpe. Uno de los papeles conocidos de la Benemérita era ocupar el Gobierno Civil y en caso de resistencia también se sabe que la Artillería haría fuego contra el inmueble. Llama la atención que el 20 de julio también la Artillería cañoneó el Gobierno Civil para forzar la rendición de los ocupantes. Lo seguiremos viendo.


jueves, 1 de mayo de 2014

El levantamiento del 19 de abril de 1936 en La Coruña (I)

Algún día tenía que empezar con esta entrada, así que comencemos. El que fue general farmacéutico, Ángel Ramos, escribió unas interesantes memorias --creo que en los 50-- que publicó su nieto, Diario de un general. En el capítulo que dedica a su llegada a La Coruña y a aquella farmacia militar instalada en la plaza de Galicia (aquí), y cuya jefatura ocupaba el comandante Miguel Galilea Toribio, señala:

A finales de mayo [en realidad marzo] de aquel 1936, el Comandante Galilea me anunció un levantamiento militar, para lo cual, trajo unos carros de arena y sacos terreros, que los pusimos en el sótano de la farmacia. Trajeron también numerosos fusiles y municiones. Estuvimos esperando como unos quince días, la orden de sublevación, pero no llegó a producirse.

Ángel Ramos: Diario de un general. 2011, p. 97.

Por su parte, el que fue general honorífico de Artillería, Eduardo Ozores Arraiz, en testimonio a Carlos Fernández, relata que en 1936 estaba destinado en el Regimiento de Artillería Ligera nº 16, de guarnición en La Coruña. El ambiente que se respiraba tanto en el cuartel como en la calle era de intranquilidad por el progresivo deterioro de la convivencia pacífica y del orden público. Así estaba el panorama cuando se presentó en el cuartel "tras el triunfo del Frente Popular --o no sé si un poco antes-- el capitán de la Guardia Civil José Rañal con el objeto de conocer nuestras opiniones sobre un alzamiento". Y añade:

El capitán de la Guardia Civil no se pudo contener y preparó un golpe de fuerza contra el Gobierno Civil de La Coruña para mediados de abril. Antes de efectuarlo, fue delatado por un compañero, juzgado --con otros militares-- y trasladado a Pozoblanco.

Carlos Fernández Santander: Alzamiento y guerra civil en Galicia, La Coruña : Xerais, vol. II, p. 677.

SOSPECHAS DEL GOBERNADOR

Ocupaba el Gobierno Civil de la provincia, Francisco Pérez Carballo, que había llegado a La Coruña el 12 de abril. Recibió confidencias en las que se decía que elementos militares celebraban reuniones en lugares apartados de la ciudad. El viernes 17 de abril tuvo noticia de que se estaba celebrando una de estas reuniones en la Granja Agrícola Experimental, lo que le produjo un cierto recelo por lo apartado que estaba entonces la zona que hoy ocupa el polígono de Elviña. Se puso en contacto con la Guadia Civil y dio instrucciones al primer jefe de la Comandancia de La Coruña para que le informase, teniente coronel Benito de Haro Lumbreras, que estaba comprometido y lógicamente indicó que en la Granja no ocurría nada anormal. En la madrugada del viernes 17 al sábado 18, el gobernador tiene de consejero áulico a un chaíñas de la calidad de France García, uno de los de la Lejía, presidente entonces de las Juventudes Socialistas, quien según el gobernador le confirma (sic) que la reunión se había celebrado. En esa misma madrugada se produce el atentado contra el general Bosch que ya vimos, perpetrado por las las JJ SS, France García incluido.

En la mañana del sábado 18 según manifestación del gobernador, el sargento de la Guardia Civil, Manuel Santos Otero, estuvo en una de las secretarías de la Audiencia tratando de adquirir pistolas. Ya veremos que de acuerdo con la declaración de un oficial de estas secretarías, que se lo comentó a uno de los de la Lejía, allí se habrían presentado dos jóvenes que se identificaron como fascistas. En ningún caso se alude al sargento Santos, que por aquellas fechas ya debía ser comandante del puesto y teniendo la Guardia Civil asumidas las funciones en lo que a inspección de armas se refiere, resulta cuando menos extraño que tuviese que proveerse de pistolas en las secretarías de la Audiencia, que las conservaban como pruebas de convicción de sumarios sobre tenencia ilícita de armas, asesinatos, etc.

Ya en la noche del 18 al domingo 19, el gobernador recibe confidencias de calidad similar a la de France. De hecho el propio France y Juan Martínez Fontenla, observan sobre las once y media de la noche del sábado que dos camiones militares recogen paisanos en la plaza de Pontevedra. No debía fiarse mucho el gobernador cuando envió a dos policías quienes le indicaron que sobre la una y media de la madrugada vieron circular por Rubine hacia la plaza de Pontevedra, ruta obligada para bajar a la ciudad desde la posición militar del monte de San Pedro, a un camión militar en el que iban soldados provistos de armas largas. La noticia se la confirmó asimismo Manolito Vázquez, conserje de Izquierda Republicana. Sobre las tres de la madrugada, otra persona le indicó que al principio de la calle de la Barrera se había estacionado un coche ocupado por oficiales de la Guardia Civil. Se bajó uno advirtiéndole sus compañeros que lo esperaban. Otro testimonio le señaló que un capitán retirado de la Guardia Civil, vecino de la calle de Picavia, que no recibía, esos días recibió numerosas visitas de militares. Sobre las cuatro cesó el movimiento de tropas y el gobernador se retiró a descansar.

Las noticias, pese a parecer en parte ciertas, en general se aproximan al cotilleo, a haber hecho algún curso sindical de espía rusa o de portera, pero dan idea de cuales eran las relaciones del gobernador, entre otros los autores del atentado contra el general Bosch; lo cual también da idea de las manos y la cabeza en la que estaba la provincia. No es por ello de extrañar que al auditor no se le presentasen demasiadas dificultades ni tuviese que hacer ingeniería jurídica para dictar un auto de sobreseimiento de la causa que se instruyó por rebelión militar, como veremos dentro de unos días.



domingo, 16 de febrero de 2014

De enchufes, listas y corrupción republicana

Está claro que algún día me ocuparé del levantamiento frustrado del 19 de abril de 1936 en La Coruña, pero como el hecho de alimentar este blog es un mero entretenimiento y no quiero que se convierta en un trabajo, por ahora no me apetece volver a leerme las ciento y pico páginas que trascribí del documento que voy a utilizar. Quedará para otro día.

Mientras tanto vamos con un asunto de actualidad. Hace días leía a un propagandista de la memoria histórica, que ahora se rasga las vestiduras porque varios descerebrados le reventaron una conferencia a Garzón, cuando con ocasión de hacer lo mismo con María San Gil declaró que era una chiquillada; digo, que le leía a este autor algo parecido a lo siguiente: lo que nos escandaliza de las operaciones Pokemon y Pikachu no es nuevo. También lo había en el franquismo, aunque no en la república cuyos hombres eran incorruptibles. Con razón, según me cuentan, se dice de él en su facultad que sostiene tesis peregrinas. Lo digo porque recordé que el Casino Republicano de La Coruña era una asociación a la que se accedía con el propósito de llegar al Ayuntamiento y formar parte de la Comisión de Obras, que la corrupción en cuestiones de ladrillo no es de ahora, como cualquiera que no se dedique a tomar el pelo a la gente puede suponer; y por no extenderme mucho más, lo digo también porque en la II República, contra la supuesta incorruptibilidad sobre la que se pontifica, se daban y pedían puestos de trabajo junto con otros beneficios mediante enchufes, y nuestros incorruptibles republicanos lo veían como la cosa más natural del mundo. 

Vamos con un caso. El general de brigada Rogelio Caridad Pita --con barba a la derecha de la imagen-- era republicano, quiero recordar que masón, y fue condenado a sufrir la última pena junto con el general de división Enrique de Salcedo Molinuevo en la causa 413 de 1936 del registro de la Auditoría de Guerra de la Octava División Orgánica, causa que se conserva en el Archivo Intermedio Militar Noroeste (Ferrol). Se acusaba al general Caridad Pita de visitar al gobernador civil con el propósito hacer oposición al alzamiento. Para justificar que en sus visitas al gobernador civil no perseguía esos fines, manifestó al juez que lo hacía para recomendar, por ejemplo a una de sus hijas para que obtuviese plaza en un dispensario. A fin de reforzar esta justificación entrega al juez instructor una lista de recomendados que llevaba consigo y que explicarían su presencia y contactos con la primera autoridad civil de la provincia. El juez une la lista al folio 368 de la causa, lista que es como sigue:

+1ª.= Jesús López Castro, hijo de Julieta (viuda de carabinero). Lleva dos años y medio en la Comandancia de Pamplona, Puesto de Orbaizeta y desea lo destinen a La Coruña.+

+2ª.= Francisco Martínez Fernández, de Begonte (Lugo), desea ingresar como voluntario en el Regimiento de Infantería de Zamora nº+ 29.+

3ª.= Bienvenido Maciá Campos, vecino de Miguel Mateo, desea trabajo. Cuesta San Agustín 7, bajo.

4ª.= José Mella Deschamps, de Sigrás, desea trabajo.

5ª.= Francisco Méndez Álvarez, Rubine-55-1º, desea trabajo.

6ª.= Enrique Rivadulla Mayor, desea trabajo.

7ª.= Ramón Rodríguez Ferreño, -3ª Compañía, 2º Batallón Regimiento 29, desea ser destinado como escribiente a la Caja de Recluta y que se le dé pase para dormir fuera.

8ª.= Benito Ventureira, de Cela de Cambre, desea trabajo en las obras del Ferrocarril de Santiago.

9ª.= Francisco Albes Méndez, Tambor del Regimiento 29, desea ascender y [una palabra tachada].

+10ª.= Jaime Méndez Ponte, Guardia Civil de Burgos, desea venir a La Coruña.+

[El párrafo que sigue está tachado pero se lee] 11ª.= Averiguar que nº hace José María Vázquez Sanmartín para ingresar en Seguridad pues según el Capitán Balaca hacía el 987 y en una Revista de Asalto hacía el nº 1505 Preguntar al Alcalde que hay de ocho plazas para Guardias Municipales.

12ª.= Federico Vázquez Dans. Desea trabajo en las obras del ferrocarril.

13ª.= Jesús Núñez. Desea trabajo en las obras del ferrocarril.

14.= Francisco Canosa Parga. Desea trabajo obras ferrocarril. Recomendado por el [parece compartir la continuación con la línea que sigue y así sería: Recomendado por el primo de Boquete].

15.= Manuel Candal Rodríguez. Desea trabajo idem idem. Primo de Boquete [parece compartir texto con el párrafo anterior y entonces se leería: Recomendado por el primo de Boquete].

16.= Manuel Capelán Bello. Desea trabajo en las obras del ferrocarril.

17.= Manuel Longueira Suárez. Idem, idem, idem. De Brejo (Cambre).

18.= Luis Sánchez Carro. Desea trabajo en el Ayuntamiento.

+19.= Luis Naya Rodríguez (hijo del ciego del organillo). Desea plaza de enfermero en Ayuntamiento.= Moreno Barcia 44, bajo.+

+20.= Ramiro Lueiro Rey (cuñado de Castrelito). Desea una de las Secretarías de Ayuntamiento + de Dumbría, Mazaricos o Vilasantar.+

21.= José Torres Montes. Desea plaza en el Ayuntamiento de funcionario subalterno (véase nota) [No aparece la nota].

22.= Luis Loureiro Gómez. Cabo licenciado. Desea trabajo obras ferrocarril.

23.= Jesús Pena Leal. Desea trabajo obras ferrocarril como carpintero.

24.= Francisco Souto Pita. Desea trabajo en el Ayuntamiento.

25.= Santiago Álvarez Núñez. Desea trabajo en el ferrocarril. Ya trabajó allí.

Francisco Cotrufo Méndez -- Peón -- Desea trabajo obras ferrocarril. Moroto [?]

Vicente Temprano Riobóo. Desea trabajo obras ferrocarril. Cambre [?]

José Ropero Caramés [?]. Desea trabajo obras ferrocarril. Cou[el resto de la palabra aparece mordida como en las dos líneas anteriores por una tira de papel engomado con el que se unió la cuartilla a la causa].

¿Incorruptibilidad republicana? Por favor...


domingo, 9 de febrero de 2014

Plante en Asalto: quitar de en medio al gobernador

En esa esquina de General Sanjurjo con Río de Monelos se encontraba hasta los 80 una comisaría de policía que comenzó siendo cuartel de los guardias de Asalto. En abril de 1936 acogía a dos compañías, una al mando del capitán Manuel Patiño Porto, y otra que dependía del capitán Ricardo Balaca Navarro. El jefe del grupo de Asalto en La Coruña era el comandante Gabriel Aizpuru Maristany. Mientras el cuartel de Asalto tenía su sede en General Sanjurjo, la Comandancia estaba instalada en la Casa Barrié de Linares Rivas. Mientras Aizpuru y Patiño eran de izquierdas, Balaca era de derechas. Al poco de comenzar la guerra, el capitán Patiño murió ejecutado en Sevilla por los nacionales, y Balaca fue igualmente fusilado en Murcia por los rojos.

Ya vimos que con motivo de un incidente ocurrido entre dos guardias de Asalto y un consumero, el día 6 de abril de 1936 ingresó en la Prisión Provincial, entregado por el capitán Patiño, el guardia José García Seijas. Esto dio pie a que se produjese lo que el P. Silva Ferreiro denomina un plante en el cuartel de Asalto. De varios detalles de interés sobre este plante proporciona información el entonces comandante de Estado Mayor, Fermín Gutiérrez de Soto, en la causa contra el general Salcedo y otros por traición, a la que aludía en la anotación anterior y que cualquier día transcribiré. De acuerdo con D. Fermín la detención e ingreso en prisión de José García Seijas provocó en el cuartel de Asalto una efervescencia extraordinaria entre la fuerza de Asalto perteneciente a la compañía del capitán Patiño. Sus miembros lograron que se uniesen a ellos los de la compañía del capitán Balaca, que esa noche estaban de servicio. Se pusieron de acuerdo para libertar a su compañero preso y quitar de en medio al gobernador civil, José Sánchez Gacio, al jefe del grupo, comandante Aizpuru, y al capitán Patiño.

El capitán Balaca había montado el servicio de aquella noche sin novedad, cuando sobre las 22 horas o algo más tarde tuvo noticia de lo que se urdía. Como al parecer ejercía un gran ascendiente, no sólo sobre la gente de su compañía sino también sobre la de Patiño, logró reunirlos a todos en el cuartel, los dejó al mando de un oficial y se fue a buscar al comandante Aizpuru. Lo encontró, como era de esperar en opinión de D. Fermín, en compañía de varios elementos indeseables en un bar de la calle de los Olmos. Allí también estaba el capitán Patiño. Marcharon todos al cuartel después de que Aizpuru se pusiese el uniforme y tuvo lugar en los locales de General Sanjurjo una escena de lo más lamentable. Los guardias recibieron a su jefe con gritos "esto no pasaría si estuviera aquí el Comandante de Oviedo", entre otros, siendo en vano todo lo que hizo el comandante Aizpuru para imponer su autoridad, teniendo que retirarse abochornado ante una indisciplina irreductible de tamaña violencia. El capitán Balaca logró imponerse enviando a descansar a la fuerza franca de servicio y cubrió con los de su compañía a los que habían abandonado, no sin antes haber reprendido a todos por su reprobable conducta, y haberles hecho callar por los vivas que a él daban.

El comandante Aizpuru marchó al Gobierno Civil y denunció que el capitán Balaca, hombre que consideraba de ideas fascistas y monarquizantes, se había sublevado con la tropa a sus órdenes. Esta denuncia se comunicó al ministro de la Gobernación y director general de Seguridad que hizo venir a La Coruña al inspector general de los cuerpos de Seguridad y Asalto, coronel Ildefonso Puigdendolas y Ponce de León. Este instruyó una información escrita de la que se suponía que tendría como resultado el traslado del comandante Aizpuru y capitán Patiño, pero que a la postre también afectó al capitán Balaca. El primero fue trasladado a Bilbao, el segundo a Sevilla y el tercero a Murcia.

Veremos, espero que sea en la siguiente anotación, que a los pocos días y con ocasión del levantamiento frustrado del 19 de abril de 1936, un mando de la Guardia Civil también planteó la idea de cargarse al gobernador.



lunes, 27 de enero de 2014

Cómo se gestó el Alzamiento en La Coruña

De acuerdo con el testimonio del entonces capitán de Artillería, Eduardo Ozores Arraiz (Carlos Fernández, 2007, 677) a la altura de febrero de 1936 el ambiente que se respiraba tanto en el cuartel de Artillería como en la calle era de intranquilidad por el progresivo deterioro de la convivencia pacífica y del orden público. Casi todos los militares estaban de acuerdo en que, de seguir así las cosas, habría que adoptar una determinación. Poco antes o poco después del triunfo fraudulento de Frente Popular se presentó en el cuartel de Artillería el capitán de la Guardia Civil, José Rañal Lorenzo, con el propósito de intercambiar impresiones sobre un alzamiento. Se encontró un entusiasmo y apoyo incondicional entre los más jóvenes, indignados, de graduaciones intermedias (tenientes, capitanes y comandantes). No así en los jefes que recordaban el fallido intento del general Sanjurjo en 1932 y eran más cautos.

En cada cuartel se nombró un enlace, que recayó en un capitán. En Infantería, según el capitán Ozores, fue Román --era de Ingenieros; en Ingenieros, según el mismo testimonio fue Osset --era de Infantería; y en Artillería, el propio capitán Ozores. Más tarde se unieron el capitán de la Guardia Civil Gumersindo Varela Paz; el capitán Balaca, de Asalto, y el comandante de Estado Mayor, Fermín Gutiérrez de Soto. De acuerdo con la declaración de este último en la causa 413 de 1936 contra el general de División Enrique de Salcedo Molinuevo, general de Brigada, Rogelio Caridad Pita, y coronel de Artillería, Adolfo Torrado Atocha --que es inexcusable transcribir aunque no lo voy a hacer hoy, porque aunque muy extensa, es interesantísima y en mi opinión de ella se ha publicado muy poco-- por delitos de traición a sus compañeros, que se reputaban como el poder legítimo, como así resultó al salir victoriosos del conflicto, de acuerdo con el testimonio del comandante Gutiérrez de Soto, digo, se realizó una labor previa de consulta y unión de casi todos los elementos militares de la plaza de La Coruña, que se vio propiciada por un ruidoso incidente con el teniente coronel D. Óscar Nevado, interpretado entre el estamento militar como una manifestación del odio que los organismos del Frente Popular estaban encendiendo en sus elementos contra el Ejército. Estamos a la altura del 25 de febrero, fecha del incidente. Concluida la fase de unión y cambio de impresiones, a las primeras reuniones asistieron el comandante Gutiérrez de Soto, capitán de Artillería Castro Caruncho, el de la misma arma Miguel Ojeda Muñoz, el de Infantería, Oset, el de Ingenieros, Román, junto con los de la Guardia Civil, José Rañal Lorenzo y Gumersindo Varela Paz; el del Cuerpo Jurídico Militar, Tomás Garicano Goñi; y en algunas reuniones estuvieron presentes el capitán médico Miguel Parrilla Hermida, así como el capitán Garnica, de Intendencia. El grupo de Asalto estuvo representado por el capitán Ricardo Balaca; y los Carabineros se adhirieron al proyectado alzamiento por manifestaciones concretas que realizó su jefe el teniente coronel Meseguer al propio comandante Gutiérrez de Soto.

Llegó a venir por La Coruña el teniente coronel de la Guardia Civil, Florentino González Vallés, que fue el primer delegado de Orden Público tras el alzamiento y gobernador civil de La Coruña, dejando un recuerdo de hombre enérgico y justiciero, pero cuando tomó contacto con nuestra guarnición ejercía funciones de enlace entre divisiones. La tensión debía ser considerable. Con motivo del desfile del 14 de abril desarrollado en los Cantones, ya vimos que se temía un asalto al cuartel de la Guardia Civil, siendo custodiado por Tomás Rodríguez Sabio; por su parte, el general de la División, recibió confidencias en el sentido de que las tropas iban a ser atacadas durante el desfile mediante camionetas ocupadas por un reducido número de extremistas dispuestos a morir, cargadas con explosivos que avanzarían por una de las calles perpendiculares a los Cantones para arrollar a la línea de tropas; que se iba a intentar la colocación de unos explosivos bajo la tribuna presidencial; que las milicias socialistas pretendían formar y desfilar detrás de la guarnición; y por último, que las tropas iban a ser silbadas durante el desfile. El general Salcedo adoptó las precauciones oportunas, entrevistándose incluso a ultima hora de la víspera de los actos con el gobernador civil, pero lo cierto es que por fortuna sólo se materializaron unos ruidosos silbidos, que produjeron la natural indignación entre el estamento militar, alguno de cuyos oficiales llegó a sacar su sable.

El 18 de abril los militares seguían recibiendo confidencias relacionadas con la efervescencia que había entre los elementos del Frente Popular, que tramarían un golpe. Se produjo una reunión de los elementos conjurados en la biblioteca de la División --hoy Palacio de Capitanía General o Cuartel General de la Fuerza Logística Operativa-- y en vista de que el capitán Ozores avisó a los concurrentes de que los jefes estaban al tanto de la reunión e incluso que el edificio estaba siendo vigilado por policías, el acto se suspendió y continuó en la casa del propio capitán Ozores, que debía ser en mi opinión la de la imagen. En ese encuentro se dio cuenta de estar el gobernador civil acompañado de elementos extremistas, y hasta de haberse fortificado el edificio que ocupaba con ametralladoras de Asalto.

Y como lo que sigue --el levantamiento frustrado del 19 de abril de 1936 en La Coruña-- es en mi modestísima opinión una chapuza entusiasta, más propia de milicianos (rojos) que de miembros de un ejército profesional, como pienso, D.m. tratarlo con cierto detalle, aquí nos quedamos hoy.



miércoles, 1 de enero de 2014

El incendio en color

He visto y en este blog hemos usado documentos escritos que se relacionan con incendios de iglesias: declaraciones sobre lo ocurrido, listados de bienes calcinados, valoración pericial de los mismos, etc. También vimos algún que otro documento gráfico en donde aparecen los templos calcinados, pero nada con la fuerza de imágenes como esta, en color. Si la gente de Muxía se entristeció, lloró, si el ambiente en esa comarca era y sigue siendo depresivo ¿Cómo no estarían si el incendio llega a ser provocado como lo eran durante la II República? Estarían crispados, encolerizados y con ganas comprensibles de parar los pies a quienes habían agredido a sus afectos y sentimientos más íntimos. Por eso cada día me sorprenden más esos apóstoles que nos presentan a los de un bando como unas pobres víctimas con las que los vencedores tuvieron una reacción brutal, incomprensible porque no la quieren comprender, porque se obvia de forma interesada que las que se consideran unas pobres victimas antes fueron victimarios; porque los temas que tratamos en este blog fueron un auténtico maná de pasta que no se resignan a perder quienes se forraron tratando de agitar pasiones y reabrir heridas que estaban y en la calle creo que están perfectamente cerradas.

A todo esto, ¡feliz año nuevo!



lunes, 16 de diciembre de 2013

El atentado socialista contra el general Bosch: segunda sentencia y ejecución

El 26 de junio de 1943 se reunió en el Cuartel de Atocha el consejo de guerra ordinario de plaza para ver y fallar la causa instruida contra Enrique Pena Vila y Félix Gila Esteban. Lo presidió el coronel de Artillería Francisco Javier Judel Peón, participando como vocales el capitán de Artillería Juan Montenegro de Irizal; y los de Infantería Justo Rodríguez Santos, Alfredo Vázquez Barral, Victoriano Pardo González y Fernando Sánchez Triñanes. Ejerció las funciones de vocal ponente el teniente auditor de segunda del Cuerpo Jurídico Militar, Rafael Vaamonde Mallo; como fiscal, informó ante el consejo el teniente honorífico del mismo cuerpo, Emilio de Isasa Navarro. Fue defensor de Enrique Pena Vila, el capitán de Infantería Eugenio Pita Blanco. Como defensor de Félix Gila informó ante el tribunal el capitán de Ingenieros Luciano Fernández de la Vega.

La vista se prolongó a lo largo de la mañana y parte de la tarde de ese sábado. El fiscal en sus conclusiones definitivas solicitó, en nombre de la Ley, que se impusiese a Pena Vila la pena de 30 años por el delito de asesinato, y que sufriese la de muerte por el de rebelión; asimismo solicito ocho años de presidio mayor para Félix Gila como cómplice de asesinato. La defensa de este último interesó la libre absolución de su patrocinado, y la de Enrique Pena trató de desvirtuar las acusaciones de adhesión a la rebelión y solicitó que se le condenase no como autor de asesinato sino como cómplice.

Reunido el consejo para deliberar en sesión secreta consideraron probado que Félix Gila fue cómplice de asesinato frustrado siendo condenado a seis años y un día de prisión mayor con las accesorias habituales. Por su parte a Enrique Pena lo consideraron autor de un delito de asesinato frustrado con agravantes de alevosía, nocturnidad y verificar el delito en la morada del ofendido. Por este hecho lo condenaron a diez años de reclusión mayor con las accesorias habituales. Lo consideraron asimismo autor de un delito de adhesión a la rebelión, y por este hecho lo condenaron a sufrir la pena de muerte. Como a la altura de 1943 no se ejecutaba a nadie por adhesión a la rebelión a no ser que tuviese las manos manchadas de sangre, o que hubiese participado en violaciones, latrocinios, profanaciones, clueldades, y otros hechos que repugnan a cualquier conciencia honrada, sea cual fuere su ideología, el propio consejo propuso en la sentencia que se le conmutase la pena capital por la inferior en grado de reclusión perpetua, que no era perpetua sino de 30 años, como así sucedió. Félix Gila fue indultado del resto de la pena que le quedaba por cumplir en febrero de 1947. Por su parte Enrique Pena se benefició de varios indultos y salió de prisión en abril de 1949.

Como decía en la anterior anotación, yo creo que el atentado contra el general Bosch es un intento de parar el movimiento que tenían previsto desarrollar los militares el 19 de abril de 1936. Veremos que en la noche del atentado uno de los participantes, France García, presidente de las JJ SS --según testimonio del propio gobernador, Francisco Pérez Carballo-- le dio noticias de madrugada de una reunión de militares desarrollada esa misma tarde ¿El gobernador recibe confidencias de uno de los participantes en el atentado en la misma madrugada en que se produce y no está complicado ni sabe nada? Es posible, pero como en esta causa el policía Fernando Freire Gago proporcionó los nombres exactos de los participantes a los pocos días de comenzar la guerra y reabrirse la causa; como este funcionario despliega una actividad en mi opinión inusitada a la hora de facilitar pruebas a la justicia militar, por ejemplo en la causa instruida contra los organizadores de la rebelión que hizo oposición al Ejército el 20 de julio en La Coruña, caso del alcalde, del diputado José Miñones, del también diputado Manuel Guzmán, etc.; como este policía estaba adscrito al Gobierno Civil y cualquiera diría por la actividad desplegada que hizo todo lo posible por subirse al carro del Movimiento, o que estaba adherido al mismo manteniendo una actividad silente en su favor, poseyendo una información tan precisa como llamativa sobre los participantes en el asesinato frustrado del general Bosch; como el mismo gobernador trató de hacerse con las armas que se conservaban en la Audiencia como pruebas de convicción a principios de julio empleando métodos poco ortodoxos, incluso exigiéndole la entrega de las mismas al presidente a través de un policía que le envío; como quiera que cuando en la noche del 17 al 18 de julio veremos que en el asalto y robo de armas en la Audiencia tuvieron un papel destacado las JJ SS y el hecho estuvo patrocinado por el Gobierno Civil, que desplazó allí al capitán de Asalto Gonzalo Tejero Langarita para retirar a los guardias también de Asalto que custodiaban el portal de Radio Coruña; como en las declaraciones de los acusados de este robo de armas se dice que el gobernador garantizó la impunidad de los asaltantes, en vista de todo lo anterior, en mi opinión no sería de extrañar y hasta me parece bastante probable que el atentado contra el general Bosch fuese organizado o autorizado por el Gobierno Civil de la provincia y que no se tratase de una mera iniciativa particular de las JJ SS de La Coruña.




domingo, 1 de diciembre de 2013

Parodia rediviva de una procesión

Como todavía no cuento con todo el material para el último capítulo que tengo previsto dedicar al atentado contra el general Bosch, aquí os dejó a estos admiradores de los animalitos que hacían lo propio en los años 30, y que cualquier día con un hervor seguro que se pasan a la Fanta, aunque por ahora siguen con el Orange. Y los artículos 524 y 525 del Código Penal, por lo que se ve, de adorno.


domingo, 24 de noviembre de 2013

El atentado socialista contra el general Bosch: detención de Félix Gila Esteban

La reapertura de la causa con motivo de la detención de Enrique Pena Vila procura poner a disposición de la justicia a los demás implicados en el atentado. Fueron infructuosas las gestiones en el caso de Juan Martínez Fontenla, nacido en La Coruña el 19 de octubre de 1906. Este individuo, muy amigo de los de la Lejía, ingresó en el PSOE en junio de 1931 estando también afiliado a la UGT. Fue nombrado secretario de la Agrupación Socialista en enero de 1936 y ya veremos que participó en el asalto y robo de armas en la Audiencia durante la noche del 17 al 18 de julio, operación patrocinada por el gobernador civil que garantizó la impunidad de quienes la perpetraron. Parece que en los primeros días del Movimiento tuvo una participación destacada junto a grupos libertarios. La policía creía en 1943 que se encontraba en América, pero yo diría que estuvo escondido porque según el Diccionario biográfico del socialismo español llegó a México procedente de Portugal en febrero de 1947.

Mayor éxito tuvieron las gestiones a la hora de localizar y detener a Félix Gila Esteban. Este sujeto había nacido en San Sebastián el 20 de noviembre de 1895. Debió vivir en La Coruña a principios de los años 30 siendo a la vez entrenador del Deportivo. Estuvo afiliado a la UGT, era suscriptor de Acción Socialista y también amigo de los de la Lejía. En 1935 residía con su familia en Sevilla viajando como representante de una empresa de productos farmacéuticos. Como este trabajo no le proporcionaba ingresos suficientes, en noviembre aceptó el puesto de entrenador y masajista del Avilés. Por aquellos días este equipo no debía pasar por su mejor etapa en lo económico, así que se vio en la obligación de rescindirle el contrato y en abril de 1936 se vino a buscar trabajo en el Deportivo de La Coruña, equipo para el que ya digo que había trabajado. Como no lo contrataron, se fue de La Coruña a los pocos días de producirse el atentado contra el general Bosch...

Según su versión del atentado en la declaración que rindió ante el juez militar, él se enteró de todo al día siguiente cuando fue al Sport y Fabián Alonso le contó lo ocurrido. Y lo ocurrido fue que Bébel García y Pena Vila subieron a la habitación en donde descansaba el general, contra el que Enrique Pena Vila hizo el disparo diciendo a la vez TOMA POR CABRÓN. Así las cosas se quedarían a la puerta del hotel France García, Fabián Alonso y Juan Martínez Fontenla. Negó su participación en la primera visita al Hotel de Francia cuando se fingió policía para consultar las entradas de viajeros, pero en el careo al que lo sometió el juez con Pena Vila, este último se mantuvo en que Gila participó en los preparativos del atentado haciéndose pasar por policía ante el sereno del hotel, reconociendo a la vez que los abandonó aprovechando el momento en que Fabián Alonso fue a su casa a buscar la pistola.

Según Félix Gila, en la noche del 17 al 18 de abril estaba en el bar Libory de la rúa Nueva cuando llegaron Pena Vila y Martínez Fontenla. Le preguntaron si conocía a dos señores que se encontraban en la barra y al parecer eran militares. Contestó que no los conocía. Salieron juntos paseando hacia el Cantón Grande y a la altura del café Galicia (hoy ocupado por la Fundación Barrié) saludaron al sereno recabando de él información para conocer si en el Hotel de Londres había militares forasteros, a lo que este respondió que estarían en el Hotel de Francia. Siguieron paseando y al llegar a este último, entraron sus acompañantes que preguntaron por los militares forasteros que buscaban. Dieron la vuelta y al llegar a la Rúa Nueva, Gila se fue al Libory en donde estuvo hasta el cierre y se encaminó al Marineda. Allí se encontró con Bébel y France García, Pena Vila y Martínez Fontenla. En este establecimiento uno de sus correligionarios llamaría al Juzgado Militar para saber si al día siguiente se celebraba algún consejo de guerra, marchándose todos salvo él que se quedó con el propietario hasta que también cerró el local. No obstante lo anterior, el propietario del Marineda aseguró al juez militar que en este grupo no se encontraba Félix Gila. Al salir del Marineda se fue a la farmacia Vigil, en la que estuvo hasta las 4 de la mañana en que se retiró acompañado del sereno de los Cantones.

El aspecto tal vez más llamativo de Félix Gila es que se subió al carro del Movimiento en Sevilla en fecha tan temprana como para que le expidiesen un volante personal el 1 de agosto de 1936 formando parte de las Fuerzas Cívicas al Servicio de España, prestando servicio de población hasta el 11 de agosto; de estas pasó a las Milicias Nacionales de la ciudad en cuanto se crearon, prestando servicios como fusilero en pueblos de Huelva y tomando parte en la liberación de Llerena (Badajoz). Pasó a Talavera de la Reina en donde quedó habilitado como sargento de Infantería; marchó con su columna hacia varios pueblos de Toledo hasta que se le concedió su pase a Sanidad Militar, participando con su batallón en las operaciones realizadas en el Frente de Madrid. De aquí fue destinado al Ejército del Sur, al Hospital Marroquí de Villafranca de los Barros (Badajoz); de ahí a la Compañía de Transmisiones del Ejército del Sur, incorporándose a continuación al Cuerpo de Ejército de Extremadura. Concluida la guerra obtuvo destino en Sevilla siendo desmovilizado en mayo de 1941 cuando ya era brigada. En ese mismo año se afilió a Falange y en Sevilla tanto esta organización como la Policía y Guardia Civil lo consideraban algo así como de derechas de toda la vida, cuando tal vez se le podría cantar aquella chufla que en La Coruña dedicaban a los que habían experimentado un cambio tan sorprendente:

Antes eras comunista
ahora eres requeté
e si da volta á tortilla
comunista outra vez.

Por último, con motivo de la reapertura de la causa, se recibió nueva declaración al general Bosch, que residía en el nº 7 de la plaza de Orense, y al preguntarle por los motivos del atentado respondió que los desconocía:

...sin embargo oyó decir que había corrido la especie de que se iba a poner al frente de un Movimiento Militar en contra del Régimen que imperaba en aquella fecha y de allí el motivo del atentado.

Lo que reforzaría la creencia de que en mi opinión el atentado contra el general Bosch está relacionado con un intento de parar el movimiento previsto por los militares para el 19 de abril, asesinando a quien lo podría encabezar en La Coruña. Si el asalto y robo de armas en la Audiencia fue patrocinado por el gobernador civil, no debe repugnar que en este atentado nos encontremos ante un caso de terrorismo de Estado y no una mera iniciativa particular de las JJ SS de La Coruña. Máxime cuando se conoce el ascendiente que tenían los de la Lejía con Pérez Carballo; o que France García y Martínez Fontenla le transmitiesen confidencias relacionadas con reuniones de militares o movimientos de tropas que el gobernador consideró tan fiables que las incluyó en la declaración que prestó por escrito cuando denunció el intento de cargárselo por parte de quienes se iban a levantar el 19 de abril de 1936. Lo veremos.



domingo, 17 de noviembre de 2013

El atentado socialista contra el general Bosch: la captura de Enrique Pena Vila

El 5 de agosto de 1942, un grupo de guardias civiles de la Brigadilla, denominada oficialmente entonces Brigada de Investigación, se dispuso de forma estratégica en la calle Cartuchos (cuyo nombre oficial era entonces como ahora Varela Silvari), logrando capturar sobre las diez de la noche a Enrique Pena Vila, acusado por Bébel García, su hermano France y Fabián Alonso de haber tomando parte en el atentado contra el general Bosch. Estaba al frente de este grupo el entonces cabo, Vicente Peralta López, secundado por los guardias Antonio Lamas Codesido, Manuel Blanco Blanco y Ramón Villanueva Seijas. Peralta, en contra de lo que se lee, no era andaluz, sino que según resulta de las notas que enlazo abajo, había nacido en Poyales del Hoyo (Ávila). Parece ser que le prendía un poco la lengua, y de ahí puede venir la confusión de considerarlo andaluz. Aunque esta captura nos pueda parecer hoy muy importante o emblemática, por lo que he podido saber no da la impresión de que él la destacase sino que tal vez su mayor éxito profesional se encontró en cierta operación realizada en el País Vasco, en la que haciéndose pasar por un título nobiliario español, logró impedir que los Jesuitas evadiesen de España una muy importante cantidad de divisas, o metales y piedras preciosas.

Enrique Pena Vila había nacido en La Coruña el 19 de junio de 1899. En 1930 se titulaba periodista, en los 40 dibujante, y consta también que fue árbitro de fútbol. Pertenecía al PSOE parece que desde julio o agosto del año 1931 habiendo desempeñado en el mismo el cargo de adjunto al comité electoral. Según su declaración ante el cabo Peralta, fue nombrado presidente de las JJ SS en 1933, siendo detenido en 1934 al iniciarse el movimiento revolucionario. Cesó en la presidencia en 1935 por exceder de la edad para integrar las JJ SS. Según el conocido cabo de la misma Brigadilla, Luis Expósito Castaño, Pena Vila fue quien instigó un atentado contra los hermanos Canalejo, tal vez el que se produjo en la plaza de María Pita. Con el fin de poder nombrar apoderados e interventores, se le proclamó candidato por el PSOE en las elecciones del 16 de febrero de 1936, estando en el colegio electoral de los Molinos (Monelos). En esas elecciones tuvo una discusión violenta, llegando incluso a las manos, con Manuel Lázaro Duque, propietario de la óptica Lázaro, que según es notorio aún existe, al oponerse a que la mujer del óptico ejerciese su derecho al voto. Como vemos, pese a lo que se dice, las bases izquierdistas seguían sin estar nada conformes conque votasen las mujeres porque consideraban que carecían de criterio propio y votaban lo que les dijese el marido o el confesor.

AL COMENZAR LA GUERRA: EN EIREA Y LA CASA DE LOS CASTELEIRO

Enrique Pena Vila participó con todo entusiasmo en los preparativos de la rebelión contra el Ejército. Ya el 20 de julio de 1936, al oír las sirenas de los barcos a media mañana llamando a desatar la revolución, estaba en cama, levantándose y acudiendo al Gobierno Civil. Allí vio como en un despacho del primer piso, ocupado entonces por la Diputación, guardias de Asalto entregaban escopetas, haciéndose con una. Más tarde subió al segundo piso, ocupado por el Gobierno Civil, en donde según dijo cambió la escopeta por un rifle que al parecer no usó por ser de calibre especial y carecer de municiones para el mismo... En el Gobierno Civil los de la Lejía lo instaron a que les acompañase y se fue con ellos a registrar el piso de los hermanos Armando y José Casteleiro Varela en la calle Real. Digo registrar porque los Casteleiro estaban tan perseguidos que llevaban cuatro o cinco días fuera de su casa con temor a una detención gubernativa, pero de estar en su casa es indudable que los habrían, cuando menos, "detenidos". En este registro buscaban armas y subieron los de la Lejía con otros, aunque parece que Pena Vila se quedó en la calle haciendo guardia. Al oír que aporreaban la puerta de los Casteleiro para echarla abajo, con el objetivo de minimizar daños, los propietarios del edificio ofrecieron a los asaltantes la posibilidad de que allanasen la morada subiendo por una escalera a través del patio de luces, y así entraron sin encontrar las armas que buscaban aunque ocasionaron algunos daños. Mientras Enrique Pena estaba en la calle se le acercó un tal Florencio Ordóñez acompañado de un vecino de la calle Real, Adolfo Miranda. Cuando este pasaba por el Obelisco un grupo lo acometió al grito de ¡A ESE QUE ES FASCISTA! Lo rodearon, lo intimidaron y le preguntaron si llevaba armas. Como iba con una pistola la entregó para evitar la agresión. Al poco se lo contó a Ordóñez, que conocía a Pena Vila y suponiéndolo jefe, se dirigió a él por si podía hacer algo para que devolviesen la pistola a Miranda. En aquel caos, Pena Vila les respondió que a saber donde estaba ya la pistola.

Enrique Pena regresó al Gobierno Civil con Bébel y se encontró allí a José María Eirís Carro. En compañía de este pasó a un despacho en donde se hallaba un desconocido, Pepín el de la Lejía y Jacinto Méndez Esporín @ Vigatá, anarquista de la FAI, de lo más extremista. Estando en la Prisión Provincial de La Coruña y al saber seguro que lo iban a pasear, Vigatá decía que envidiaba a los que tenían creencias religiosas porque se consolaban con más facilidad. Pidió al padre de quien me contó esto que le llevase un ejemplar del Fedón porque esperaba encontrar paz interior al releer ese diálogo sobre la inmortalidad del alma, como así lo hizo y leyó pocos días antes de ser paseado. El padre de este amigo, directivo de Germinal, fue de los que identificó el cadáver de Vigatá en Arteixo. Lo visitó la policía al comenzar la guerra diciéndole que tenían informes malos sobre él, pero también los tenían buenos; que se estuviese quieto y no hiciese ninguna tontería y seguiría gozando del beneficio de la duda. No se movió, la policía lo visitó una segunda vez durante la guerra, y no lo volvieron a molestar, ni lo multaron, ni le exigieron responsabilidades políticas, ni nada. Como a la inmensa mayor parte de la población, aunque ahora se quiera dar idea de lo contrario. Ya sé que esta digresión debía ir en nota, pero vuelvo al surco. Decía que pasaron Eirís y Pena Vila a un despacho en el que estaba un individuo que no se identifica, Vigatá y Pepín (al que por una suerte de invento, últimamente dan en llamar Pepiño, como al hijo de la Rivereña, y a ambos se les conocía por Pepín). Eirís se dirigió a Vigatá entregándole una orden; este a su vez se la dio a Pepín encargándole que se hiciesen con las armas de la Armería Eirea de San Andrés. Una vez asaltada la armería, Pena Vila volvió al Gobierno Civil y al ser cañoneado el edificio huyó con otros refugiándose él en casa de su madre y de su madrina, saliendo por las noches a esconderse en las inmediaciones de la Dársena y otros lugares. Según sus declaraciones no salió de La Coruña y se refugió en estas dos casas. A saber.

VERSIONES DEL ATENTADO

Por lo que se refiere al atentado contra el general Bosch, en la causa aparecen dos versiones de Enrique Pena Vila: la que ofreció ante el cabo Peralta, que no tendría nada de particular que se obtuviese empleando los mismos procedimientos que se usaban con la república y antes de esta, ablandándolo a base de sopapos, o el que aún se usa en Guantánamo bajo la denominación de inmersión simulada, y que durante la república algún detenido en el cuartel de la Guardia Civil de La Coruña identificaba como haberle metido la cabeza en el pilón, lo que no significa que estos métodos condujesen a una versión necesariamente inveraz, según pone de manifiesto su uso actual por la primera potencia del mundo; y otra versión se encuentra en la declaración que prestó ante el juez militar.

Ante el cabo Peralta, Pena Vila manifestó que en la noche del 17 al 18 de abril de 1936 se encontraba con Félix Gila Esteban en el café Libory de la Rúa Nueva y al poco se presentaron Bébel y Juan Martínez Fontenla. Al parecer Gila se dirigió a la barra y oyó decir a un comandante de Artillería de Ferrol que al día siguiente tenía que asistir a una reunión de militares. En vista de esto, Gila comentó que había que saber quienes eran los militares, y a tal fin se dirigieron al Hotel de Francia en donde se hizo pasar por policía y revisó las entradas de viajeros, comprobando que se había alojado el general Bosch. A continuación se fueron al café Marineda (ahora esta el Vecchio), en donde se encontraron con France García y Fabián Alonso. En la conversación que sostuvieron el mismo Félix Gila criticó al general Bosch por la represión que había ejercido en Asturias. En vista de lo anterior Bébel o France acordaron cortarle las barbas al general, aunque Pena Vila y Martínez Fontenla se negaron en un principio, pero tras un tira y afloja, accedieron. Al salir del Marineda, Félix Gila desapareció y Fabián Alonso se separó del grupo volviendo al poco rato, y al pasar por delante de la farmacia de Vigil, este último y France entraron adquiriendo una barrita de nitrato de plata. Una vez en el hotel, Martínez Fontenla se quedó en la puerta y Fabián Alonso entregó su pistola a Pena Vila, con la que este exigió del sereno que los condujese a la habitación del general Bosch. Al abrir la puerta de la habitación en donde descansaba el general se le disparó la pistola y salieron todos huyendo.

Ante el juez dio una versión algo diferente. Dijo que en la madrugada del 18 de abril de 1936 llegó al Libory acompañado de Félix Gila, en donde se encontró con Bébel o France García, acompañado de Juan Martínez Fontenla, acercándose Gila al mostrador. Al volver a la mesa les señaló a un sujeto de paisano, que al parecer era comandante en Ferrol y que según le había oído decir, al día siguiente tenía que asistir a una reunión de militares fascistas. Salió el grupo del Libory y se  paró en el Marineda en donde se encontraron a Bébel o France acompañado de Fabián Alonso. Al abandonar el local y pasar frente al Hotel de Francia, Gila entró fingiéndose policía, vio las entradas de viajeros comprobando que entre ellos se encontraba el general Bosch. Salieron y Gila propuso cortarle las barbas al militar, oponiéndose Martínez Fontenla y el mismo Pena Vila. No obstante lo anterior, decidieron hacer lo propuesto. Fabián Alonso fue a buscar una pistola a su casa, oportunidad que aprovechó Gila para desaparecer sin decirles nada. Al volver el del Sport se fueron al hotel subiendo a la habitación del general, Bébel, France, Fabián y Pena Vila, quedándose en la entrada Martínez Fontenla. Al abrir la puerta, a Fabián se le disparó la pistola y salieron todos huyendo.

En mi opinión, este atentado hay que enmarcarlo en las noticias que recibían en el Gobierno Civil sobre el golpe que iban a dar los militares el 19 de abril, sospechando que a la cabeza de la sublevación se iba a poner el general Bosch, y quisieron liquidarlo. Algo así se pudo realizar por propia iniciativa de los socialistas que participaron en el atentado, aunque parece más razonable que contasen con la aprobación de otros, pongamos por caso directivos socialistas, o el comité del Frente Popular que manejaba la política provincial desde el Gobierno Civil a cuyo frente estaba Francisco Pérez Carballo; contra el que a su vez el guardia civil ordenanza a su servicio pudo recibir de su capitán, José Rañal Lorenzo, la orden de cargárselo en cuanto las fuerzas del Instituto accediesen al Gobierno Civil durante el golpe, orden que tal vez se moderó en el mismo momento de haberse dado por sugerencia del teniente José Aranguren Ponte, y se quedó en sólo encañonarlo. Lo iremos viendo y justificando con papeles.